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Mostrando entradas de abril, 2020

DÍA 17. LUNES. Raquel. Al fin buenas noticias.

RAQUEL Estos días he estado tan atareada que apenas había podido subir a ver a Lorena a la UCI, donde permanece desde que naciera su bebé. Me consta que David acude todos los días a neonatología y pasa allí gran parte del día con su pequeña, lo sé porque sigo llamándole cada día para ver cómo le van las cosas a él y al bebé y para tranquilizarle sobre el estado de Lorena, aunque ni yo misma sepa bien qué decirle. Mi compañera de trabajo y amiga, tras la cesárea, ha permanecido sedada y con el respirador. Pude verla un par de días después del nacimiento de la niña y observé, apenada, que ya la había tenido que colocar boca abajo para facilitar su respiración. No podía creerlo. Había parecido mejorar durante unos días y ahora… Ahora se debatía, tal cual, entre la vida y la muerte. Respiraba gracias a una de esas máquinas que ahora escaseaban en los hospitales y verla allí, dormida, me partió el alma. Quizás por eso dejé de subir a verla. No podía soportar la idea de verla así y...

TERCERA SEMANA. DÍA 16. DOMINGO. Encarnación y su granito de arena

ENCARNACIÓN Domingo Domingo. Día del Señor, como decía mi madre, católica más por costumbre que por creencias. Me he levantado pronto, como siempre, añorando a mi marido nada más darme la vuelta en la cama. Sé que el tiempo pasa, que los días corren y que el olvido debería ir calando en mi memoria pero no es así. Lo único que ha hecho el tiempo ha sido mitigar el dolor y hacer que esa nostalgia venga acompañada de una sonrisa y no de una lágrima, como ocurría antes. No he querido darme tiempo para más melancolías de las necesarias. Antes, en los días más tristes me obligaba a vestirme, pintarme y salir a la calle a dar un paseo, del cual siempre regresaba mucho más animada, como si la brisa del aire en la cara, los murmullos de la gente a mi alrededor o el sonido de los coches al pasar me devolvieran, de alguna manera, la felicidad perdida. Ahora, condenada a quedarme entre estas cuatro paredes, los días que me da el bajón me obligo a hacer algo concreto y hoy, por suerte, lo...

DÍA 15. SÁBADO. Teresa. Siete días.

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TERESA Sábado. Debería ser el último sábado de mi vida como soltera. Debería estar ultimando los detalles, preocupándome por si la última prueba del vestido sería perfecta, concretando con mis damas de honor todo lo que teníamos pensado hacer… Y, sin embargo, aquí estoy, sentada en el sofá, esperando con impaciencia que Salva termine su turno en el súper y regrese con alguna que otra historia que contarme, con mi vestido en la tienda guardado para dentro de un año, con mis damas y queridas amigas lejos de mí, intentando recordar que no es tan importante, que no pasa nada. Pero… Hay días que es más fácil que otros y hoy, a justo una semana del día especial, después de tanto tiempo invertido, con los regalitos de los invitados guardados en cajas en el armario del cuarto del “desavío”, con las invitaciones que sobraron en mis manos, con las ilusiones aplazadas hasta dentro de otros 365 días y sola, no puedo evitar llorar. Desde que fui consciente de los riesgos que corre Sal...

DÍA 14. VIERNES. Raquel: Días universitarios

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RAQUEL Viernes. El día de las fiestas, las salidas. El comienzo del fin de semana, aunque me da a mí que en breve debería llamarse días del final de la semana, puesto que ahora los chavales comienzan la fiesta el jueves y la terminan prácticamente en la madrugada del lunes. Recuerdo mis días en la universidad. Dicen que la carrera de medicina es dura y no seré yo quien diga que no, pero tampoco puedo decir que eso me privara de vivir la vida universitaria a tope. Estudiaba mucho y, ciertamente, a diario mi vida se resumía en ir a la universidad y a estudiar en casa. Pero el sacrificio merecía la pena. Los viernes y los sábados, mis amigos y yo salíamos a “quemar el barrio.” Y vaya si lo quemábamos… Los dos primeros años, cuando aún era una chica soltera y sin compromiso, cuando la mayoría de edad era un regalo para nosotros, cuando la juventud nos hacía sentir inmunes a todo, salíamos a beber hasta morir, a bailar sin descanso, a despertar, en ocasiones, en casas ajenas m...

DÍA 13. JUEVES. Encarnación y la solidaridad vecinal.

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ENCARNACIÓN  Ayer me ocurrió algo muy curioso. Asomada a la ventana, como cada día a las ocho, aplaudía con ganas cuando Nacho, uno de mis vecinos de piso, asomada a la ventana como yo, se dirigió a mí: -           Señora Encarna, ¿cómo está usted? Solía preguntarme cada día. Yo le contestaba siempre que estaba bien, que todo estaba bien, y él me sonreía y volvía a meterse en su casa. Sin embargo, esta vez la conversación se alargó un poco más. -           Y, ¿le hace falta algo? -           ¿Algo? – Le pregunté, sin entender. -           Verá… - Parecía no saber muy bien cómo continuar. – Los chicos del 5º, las del 6º y nosotros hemos comenzado a establecer una rutina de compras para que no vayamos todos todas las semanas. Mañana me toca a mí y he pensado que, a lo mejor, como usted...

DÍA 12. MIÉRCOLES (Segunda semana)

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DAVID Miércoles y, como cada día desde el sábado, me dirijo al hospital una vez he desayunado y me he puesto algo decente para ver a mi hija. Mi hija, aún se me hace extraño decirlo… Recuerdo el primer día que la vi, hace ya cuatro Tras derrumbarme sobre Raquel, una vez me relajé, ella me acompañó a la sala de neonatos y allí, protegida por la incubadora pero, en contra de todos mis miedos, sin apenas ninguna maquina pegada a ella, mi pequeña. Era, realmente, pequeña, pero estaba totalmente formada. Sus manitas, sus pies, su cabecita, destacando en tamaño del resto del cuerpo… Raquel habló con el médico de la zona y éste, con una sonrisa, se presentó como el médico que se había hecho cargo de la cesárea de Lorena, presentándome, unos minutos más tarde, a la pediatra que controlaba que mi bebé estuviera bien. -          La niña parece bastante sana. – Me comunicó ella. – Necesitará unos días aquí, para que comprobemos que, una...

DÍA 11. Martes (segunda semana)

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REBECA Las cosas no han ido a mejor desde la semana pasada. Por suerte, tampoco han ido a peor. Tras aquel encuentro, mi marido me dejó en paz durante un par de días, luego volvió a tener ganas de fiesta y, tras eso, hemos vuelto a nuestra rutina de que solo me hable para insultarme o criticar algo de lo que hago, pero poco más. Soy una inútil. Para él, lo soy. De hecho, hace ya tiempo que para mí misma también. Es curioso… Recuerdo que cuando tenía doce o trece años me sentía la reina del mundo. Como ya he comentado, no es que la vida en mi casa fuera la ideal, pero tampoco podía quejarme. Ahora, con el infierno bajo mi techo, lo veo aún más claro. Mis padres no eran padres al uso. No eran padres colegas, ni siquiera esos padres que procuraban que las normas fueran acordadas entre todos. Eran padres, (siempre lo pensé) como de otra época. No mostraban su cariño ni su amor hacia mí de ninguna manera, se limitaban a establecer las cosas que podía y no podía hacer, así...