CUARTA SEMANA. DÍA 23. DOMINGO. Tomás, un héroe en miniatura.


Domingo. Los domingos eran los días que pasábamos siempre en familia, pero parece que ahora todos los días sean domingos. Es verdad que los domingos (y los sábados, para qué negarlo), papá no se mete en su “despacho” a trabajar, ni nosotros hacemos tareas del cole, aunque mamá se empeña en que tengo que leer un poco todos los días y de eso no hay manera de librarse.

Padre mata a su hijo por accidente mientras jugaba videojuegos ...Pero, más allá de esos pequeños cambios, ahora que estamos todo el rato en casa todos juntos, los domingos ya no tienen esa chispa que tenían antes. No me molesta demasiado, es más, estoy disfrutando bastante de estos días en familia, aunque no podamos salir a la calle, ni pueda ver a mis amigos, ni pueda jugar al aire libre.

Mi hermana y yo peleamos mucho más de lo habitual, pero aún eso es divertido. A mamá y a papá creo que no se lo parece tanto, pero bueno, nosotros nos lo pasamos bien y ya está.

Hoy deberíamos haber ido al pueblo a ver a la abuela Encarni y a acompañarla a la procesión de la borriquita. Ella siempre me habla de qué significa cada paso, me cuenta la historia como si fuera un cuento y me entretiene bastante. Además, la música y los olores son diferentes y cada año me llaman la atención.

Sin embargo, este año no va a haber procesiones ni podremos ver a la abuela Encarni en mucho tiempo. Tampoco podremos ir a jugar con los primos ni con la tía Isa. Mamá y papá nos han contado a mi hermana y a mí que el bichito que hay en la calle y que hizo que no pudiéramos ir al cole sigue por ahí, buscando gente que salga y que no tome las preocupaciones debidas, y que nosotros tenemos que cuidarnos quedándonos en casa y cuidar a la abuela sin ir a verla para evitar ponerla en peligro, porque al parecer el bichito no sólo entra dentro de ti sino que también entra en las personas que están contigo y que te tocan, te abrazan o te dan besos.

No me importa demasiado no salir a la calle, aunque echo de menos ver a mis compañeros del colegio y, aunque nunca lo vaya a admitir, ver a mi seño. Es verdad que sigue dándonos clase y que la vemos de cuando en cuando por el ordenador cuando nos hace los dictados o nos va a explicar algo de lo que tenemos que hacer, pero no es lo mismo. Ella siempre se paraba en la puerta de clase a las nueve, y no nos dejaba entrar hasta que le dábamos los buenos días. Si no querías, no tenías que hacer nada más, pero si querías, podías abrazarla o chocar su mano. Ella siempre nos sonreía y saludaba alegremente.

Luego, en clase, aunque nos tenía que regañar mucho porque no la atendíamos, o hablábamos cuando no debíamos o, incluso, a veces, nos peleábamos entre nosotros por lo que fuera, siempre era cariñosa y atenta.

Ahora sigue explicando con paciencia, nos sigue saludando a todos desde la distancia, pero ya no es lo mismo. No podemos abrazarla, ni ella a nosotros y la verdad es que se echa un poco de menos. También echo de menos las peleas con mis compañeros, los juegos y los gritos en el recreo. Quizás eso es lo que más echo de menos de no ir al cole.

Y, aunque es verdad que me entretengo mucho en casa y que no me aburro, sí que empiezo a echar de menos el ir a ver a mi abuela, a mis tíos y a mis primos. Tengo ganas de poder ir, verles y darles un abrazo, y dejar que mi abuela me achuche y me besuquee, aunque siempre suelo negarme y escaparme de sus brazos. Tengo ganas de que nos dé de comer algún dulce que haya hecho o comprado para nosotros, de hablar con ella, de jugar en su casa y de hacer que se enfade porque se lo revolvemos todo.

Pero mamá y papá tienen razón y ahora lo mejor es que sigamos aquí. Ellos dicen que somos como mini héroes y que nuestra misión es muy importante. Que tenemos que ser valientes y que al virus lo que más miedo le da es estar solo, así que tenemos que intentar que las calles estén vacías para que no tenga a nadie a quién pegarse. Que todos estamos haciendo un esfuerzo muy grande y que nosotros, los niños, somos una parte fundamental en ese esfuerzo. De hecho, yo he coloreado un cuento que habla de eso que nos leyó nuestra seño, mi mamá imprimió y luego he podido yo darle color con ayuda de Elisa, aunque ella se sale mucho y no pone mucho cuidado cuando colorea…

Ahora voy a ponerme un rato a jugar a la consola con papá, que me espera para que le gane otra vez en las carreras de coche. Yo creo que no es tan malo como parece y que deja que le gane siempre para que no me enfade, pero la verdad es que a mí no me importa ganar o perder, sino pasar un rato con él y reírnos juntos. Mamá está en la habitación con Elisa haciendo una manualidad que ha visto por Internet; a mamá le encanta todo lo que sea cortar, pegar, colorear y hacer cosas de esas. Yo creo que Elisa es solo una excusa que pone para hacerlo, porque mi hermana lo único que hace es llenarse de pintura y mancharlo todo…

Esta tarde, cuando todos hayamos terminado nuestras cosas, papá me ha dicho que vamos a preparar un bizcocho de chocolate. A papá le encanta cocinar y hacer dulces, mamá dice que forman un gran equipo: a él le gusta hacerlos y ella disfruta comiéndoselos.

Y así pasaremos este domingo, un día más cumpliendo nuestra misión, quedándonos en casa para que todos estemos a salvo. Y yo, sinceramente, estoy siendo muy feliz.

Comentarios