PRÓLOGO
El sonido del despertador por la mañana. Desayunar con prisas. Atascos en la ciudad. Llegar al trabajo. Dedicarle horas y horas de tu vida. Regresar a casa. Tomar una cerveza con los amigos. Salir al parque. Invitar a cenar a tu pareja. Ir al cine. Salir de fin de semana…
Esas cosas cotidianas de la vida que se hacen sin pensar, sin valorar, sin apenas sentir nada.
Y, de repente, la vida se para. Algo mucho más fuerte que nosotros llega a nuestra cotidianidad y nos demuestra el valor de las pequeñas cosas. Porque, como se ha dicho siempre: no se valora lo que se tiene hasta que se pierde…
Nos toca vivir tiempos diferentes, echar de menos a personas que quizás veíamos todos los días, lamentar abrazos que no se han dado, añorar besos que se daban por sentado… Pero todo vuelve, todo regresa, y ahora nos toca, simplemente, esperar, poner nuestra vida en pausa, respirar y permitir al tiempo pasar sin prisas, sin agobios, sin ansiedad.
Estos pequeños relatos que quiero regalaros nos van a hablar de eso, de todas esas vidas que ahora permanecen sumidas en un punto y aparte o que, a pesar de seguir adelante, lo hacen de un modo totalmente diferente. Pretenden dar voz a diferentes personas, a diferentes situaciones, a diferentes formas de vivenciar esto que nos está pasando y que, sin duda, dejará en todos nosotros cicatrices.
Espero que, para mayor parte de nosotros, sólo sean un recordatorio de que vivir, tan solo eso, es motivo para sentirnos bien.
Algunas personas cosen para otros, van a comprar para otros, cuidan a otros estos días. Yo he decidido “regalaros” estas historias que brotan en mi mente, por si al leerlas, unos minutos al día, salimos de la rutina establecida y volamos, con nuestra imaginación, allá donde ahora no pueden viajar nuestros cuerpos.
Todo esto pasará, tarde o temprano. Aprendamos algo positivo mientras tanto.
Comentarios
Publicar un comentario