DÍA 2. COMIENZA EL CONFINAMIENTO. (3ª Parte)
TERESA
Al despertar esta mañana, lo
primero que he hecho ha sido mirar el móvil por si todo lo que pasó anoche tras
la boda de mi hermana hubiera podido ser una pesadilla… pero no. Estábamos,
oficialmente, confinados en casa. Mi hermana me llamó. Me dijo que su recién
estrenado marido y ella iban a ir igualmente al aeropuerto a ver qué les
decían. Mis padres les habían recomendado encarecidamente quedarse en casa pero
ellos se resistían a quedarse sin su Luna de Miel. Yo todavía tenía que
procesar lo que estaba pasando. “Quince días”; pensaba, “todavía tengo margen
para que al boda se pueda celebrar…”
Pero mi prometido no pensaba lo
mismo. Dejó pasar el día sin comentarme nada, pero descubrí que tenía anotados
los teléfonos tanto de la iglesia donde se oficiaría la ceremonia como del
lugar del convite, así como los de la agencia de viajes y los fotógrafos en su
libreta de “cosas por hacer” y entendí que su idea era llamar y enterarse de
qué iba a pasar con “lo nuestro”.
- - Bueno… - Le dije despreocupadamente. – Nos
casaríamos cinco días después de que acabe todo esto, ahora tenemos todos estos
días para ultimar detalles.
- - Teresa… - Me dijo, con ese tono de voz que sé
que siempre va acompañado de un consejo. – Hazte a la idea de que no va a poder
ser.
- - ¿Cómo que no? Ha dicho claramente quince días…
- - Ha dicho
claramente “al menos” quince días. Visto lo visto, estoy seguro de que serán
más. Lo que tenemos que hacer es ir organizando las cosas para más tarde.
- - Más tarde, ¿cuándo? ¿Dentro de un mes? ¿De dos?
- - Sinceramente, cariño, no lo sé. Pero yo, si
quieres asegurar, lo dejaría quizás para… ¿el año que viene?
- - ¿Qué? – Le dije, escéptica. Eso estaba muy
lejos. Ya llevaba un año esperando. No podía esperar más.
Las manos de mi futuro marido se
entrelazaron en las mías mientras clavaba su mirada azul en mis ojos, algo que
siempre provocaba en mí calma y quietud.
-
- No podemos arriesgarnos a poner una fecha
cercana y que esto se alargue. Y no has comprado un vestido de verano ni de
invierno. Podríamos casarnos en otoño, pero sé que te gusta más la primavera…
- - Pero… un año más…
- - Teresa, - me susurró, mientras me abrazaba –
yo te voy a seguir queriendo pasen los años que pasen.
No tenía que decir más. Yo sabía
que él también lo sentía, quizás no tanto como yo, pero lo sentía. Sin embargo,
si algo me había enamorado siempre de aquel hombre que ahora me abrazaba era su
capacidad para razonar por encima de todo, incluidos sus propios sentimientos,
algo que yo hacía completamente al contrario.
- - Mañana llamamos a todos los sitios a ver qué
opinan, ¿vale? – Me dijo, secando mis lágrimas.
- - Sí, pero… Solo para ver qué opinan, ¿vale? De
momento no cancelamos nada…
- -Vale, cariño… - Me dijo, condescendiente, aunque
bien sabía que él ya había tomado esa decisión. – De momento, sólo para ver qué
opinan.
Mi cuarentena en casa, pues, no
empezó con agobios por no poder salir en varios días. A mí me daba igual estar
encerrada en casa. A mí sólo me entristecía la idea de no poder casarme en
veinte días. Y esa posibilidad, cuando cerré los ojos aquella noche, cada
minuto se me antojaba más lejana…
ENCARNACIÓN
Hoy ha sido el primer domingo que
paso sola, completamente sola. Normalmente estoy sola en casa, ya digo que no
es raro para mí y, de hecho, siempre me ha gustado. Sin embargo, los domingos
suelen venir mi hija Isa y sus niños a saludarme y, bastante a menudo, también
lo hace Joaquín y su familia.
Me acerco a la cocina y saco los
dos huevos de chocolate que tenía hoy guardados para los pequeños Tomás y
Elisa. Sé que la pequeña es muy cabezota para comer, así que los tenía
reservados para la merienda en caso de que se portara bien durante la comida.
Me deshacen el corazón… Tanto
ellos como los tres pequeños de mi Isabel, son la luz de mi vida, que sé
perfectamente que va menguando lentamente a medida que pasan los días, aunque
mi cuerpo y mi mente se mantengan en perfecta forma, como suele decirme mi
médico de cabecera cada vez que voy a hacerme análisis y a tomarme la tensión.
Sin embargo, hoy no ha podido
ser. Mi Joaquín debe estar en la ciudad, a salvo en casa con los suyos, y hace
bien. En las noticias ha salido que mucha gente había decidido ignorar el
estado de alarma y seguían cogiendo sus coches para irse por ahí.
¡Inconscientes! Se toman todo a broma y piensan que con ellos no va la cosa.
Pero yo sé que va con ellos, que va con todos. Esto no acaba sino de empezar, y
aún nos queda mucha lucha por delante.
Por eso me hace gracia la
impaciencia de mi hija Isabel cuando me llama, desesperada por no haber podido
sacar a los niños un rato de casa.
- - Como esto se alargue mucho voy a ser yo la que
vaya en busca del virus, ¿eh, mamá?
Sé que esos pequeños diablillos,
en especial los gemelos de cinco años, nunca están inventando cosas buenas,
pero ¡sólo llevan en casa un día! Recuerdo que, cuando yo era niña, muchos días
los teníamos que pasar en casa y no pasaba absolutamente nada. Acababa de
terminar la guerra y mis padres tenían cosas mucho más importantes que estar
pendientes de que nos entretuviéramos mis hermanos y yo… Quizás el problema es
ese. Ahora los niños están tan acostumbrados a que les pongan todas las
opciones sobre la mesa que, cuando les toca buscarse la vida, simplemente no
saben y se dedican a molestar a los adultos en busca de una atención que creen
perdida y que siempre han tenido.
Tranquilicé como pude a Isabel y
luego, llamé a Joaquín. Al parecer, ellos seguían con sus “domingos en
familia”, una costumbre que me parecía bastante positiva, sobre todo para
ellos, que el resto de la semana apenas tenían tiempo para respirar; solo que
esta vez, la habían mantenido en casa.
Hice de comer para uno, me senté
a ver la televisión un rato y, cuando me aburrí de que todos los programas estuvieran
hablando todo el rato de lo mismo, cogí el jersey que estaba tejiendo la noche
anterior y continué con mi labor.
No sería yo quien se quejara por
no poder salir de casa; ahora mismo, eso era lo de menos. Yo estaba bien, los
míos estaban bien. Eso era lo único que importaba.
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