DÍA 1. EL DÍA QUE SE PARÓ EL MUNDO. (1ª parte)
PATRICIA.
El día que se paró el mundo,
ya estaba en mi casa. Mi marido y yo habíamos hablado los días anteriores del
tema, al principio, pensando que era algo hipotético, pero ya el viernes viendo
como algo muy probable que el mundo, o al menos el nuestro, necesitara una
pausa.
Estábamos delante de la
televisión; ambos habíamos terminado nuestro trabajo presencial como docentes
ese mismo viernes y ahora nos enfrentábamos al reto de enseñar en la distancia.
A pesar de no vivir juntos, como cada fin de semana nos veíamos en casa. Y mi
marido había venido dispuesto a quedarse, al menos, los próximos 15 días.
Lo que no podíamos imaginar el
mismo sábado por la mañana, mientras compartíamos comida en casa de sus padres,
es que realmente aquella sería la última vez que saliéramos de casa en días,
semanas…
Aquella noche de sábado,
mientras escuchábamos al presidente hablar, no terminamos de comprender la
gravedad de la situación, o tal vez sí y, simplemente, decidimos escudarnos en
lo sencillo. Estábamos en casa, estábamos juntos. Todo iba a salir bien.
DAVID
El día que se paró el mundo,
yo estaba en el cuarto de la que se supone que sería mi futura hija. Estaba
solo, como cada noche desde hacía cuatro. Lo que pasó aquella noche no preocupó
ni me sorprendió. Yo ya sabía, de primera mano, que las cosas estaban mal, muy
mal. Que nos prohibieran salir de casa, seguir teniendo una vida normal… no era
algo que me pareciera extraño, más bien, solo, una medida demasiado tardía, al
menos, para mi familia sí.
Mi vida ya no podía cambiar
más, ya no podía pararse más, porque hacía unos días ya lo había hecho. El día
que se paró el mundo, no se paró para mí, puesto que el devenir de las
circunstancias ya había pulsado el botón de pausa en mi vida días atrás. Ojalá
pudiera quedarme en casa con mi mujer. Ojalá supiera que todo iba a salir bien.
Pero mi lucha había comenzado
antes que el resto y ahora me tocaba seguir al pie del cañón. Por mí, por ella
y por nuestra pequeña. Ojalá toda saliera bien.
DIANA
El día que se paró el mundo,
estaba en casa con mi padre. Mi madre, como hacía ya varias semanas, estaba de
guardia en el hospital.
Todo apuntaba que sería un fin
de semana normal y corriente, a excepción de que el lunes no tenía que regresar
al instituto puesto que habían cancelado las clases durante, al menos, quince días.
Mi padre mantenía la expresión preocupada de los últimos días; sé que pensaba
en mamá continuamente, sé que le preocupaba que estuviera trabajando tantas
horas y con tan pocos medios y, sobre todo, sé que le asustaba pensar que
pudiera coger ese virus que protagonizaba los memes de las redes sociales que
yo frecuentaba.
Yo no pensaba demasiado en
ello. Mamá siempre había sido médico y siempre estaba en contacto con enfermos,
ahora no tenía por qué ser muy distinto ¿no? Ella iba a hacer su trabajo,
ayudaba a los demás y luego volvía a casa sana y salva. ¿Por qué iba a dejar de
ser así?
Papá subió el volumen de la
tele. El presidente hablaba. Por lo que pude entender, la cosa se ponía seria,
más aún de lo que nuestros profes nos habían contado el viernes, cuando todos
mis amigos y yo, en realidad, celebrábamos el no tener que volver a clase en
algunos días, a pesar de las advertencias de que seguiríamos trabajando desde
casa.
Iban a cerrarlo todo, no solo
los coles e institutos. Bares, tiendas… La idea, al parecer, era quedarse en
casa. Yo ya lo había visto en las redes sociales, donde la gente subía cosas
con el hashtag: #quédateencasa. No me extrañaba que al final lo cerraran todo.
El sábado había ido a comprar unas compresas al supermercado y mucha gente
seguía paseándose por ahí como si nada. En mi casa, la concienciación había
llegado mucho antes gracias a mamá.
Miré a mi padre, que escribía
algo en el móvil, intuyo que a mi madre. Lo vi tan preocupado que me acerqué a
él.
-
Papá, ¿estás bien?
Me miró, casi sorprendido.
Supongo que se vio con la responsabilidad de ser él el que me tranquilizara a mí
y no a la inversa, así que forzó una sonrisa y me abrazó suavemente.
-
Claro que sí, hija. Estoy bien. Todo va a salir
bien…
Y, no sé por qué, pero me dio
la impresión de que aquello se lo decía más a él mismo que a mí…
SIMBA
El día que se paró el mundo,
yo no me enteré de nada. Supongo que es lo habitual, la verdad es que suelo
preocuparme de lo justo en esta vida. La que dice ser mi mamá, a pesar de no
compartir ningún rasgo genético conmigo, estaba en el salón con su pareja.
Intuí cierta preocupación pero ellos parecían estar bien, así que, para mí,
todo estaba bien.
- Entonces, ¿él puede salir a la calle o no? – Escuché
que le preguntaba Patricia a Ismael.
-
Sí, es una de las excepciones. Pero nada de
paseos largos.
-
Eso se da por hecho… - Contestaba ella.
Bien, eso me parecía bien. Si
ella y yo íbamos a poder seguir saliendo a la calle como siempre, es que las
cosas no estaban tan mal. Al menos, no para mí. Todo estaba bien en mi casa.
Todo estaba bien para mí.

Aquí nos vas a tener enganchadísimos y deseándo leer "lo que sigue".
ResponderEliminarGracias por permitirnos asomarnos a otras historias, otras vidas.
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